Gracias señor oficial


“Piii piii” era el sonido inquietante y perpetuo que provenía del auto de Arturo, gracias a que se le había dañado el pito (claxon).

El sol sobrepasaba los 38 grados y el tráfico avanzaba lento. Insultos y gritos iban dirigidos hacia Arturo, ya que se había convertido en el director de una estremecedora orquesta desafinada, justo enfrente de un semáforo en rojo.

Un policía que transitaba en su camioneta cerca del lugar, le dijo, por altavoz, que dejase de pitar. Pero Arturo sólo mostraba gestos de que no podía hacer nada. El oficial se bajó y se le acercó, al verlo desesperado y a punto de entrar en demencia, sacó su arma diciendo: “esto es por tu bien, hijo, lo siento”. Y disparó.

Arturo le agradeció, a pesar de que el volante de su carro quedara destrozado.

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